DEPENDE
DEL COLOR DEL CRISTAL CON QUE SE LO MIRE.
Múltiples son las perspectivas desde las que se puede analizar la conducta desplegada por el ciudadano Paraguayo Cubas Colomés y su juzgamiento va a depender del color del cristal con que se la mire, porque como dice el poeta español Campoamor “En este mundo traidor nada es verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira. En efecto, la cintareada a un juez y la defecación en su secretaría por parte del mentado, puede observarse y juzgarse en su contexto o descontextualizando, como efecto de una causa, como un embrión revolucionario, como un conjunto mensajes simbólicos, etc., etc. En términos generales el que amerita estas líneas, viene realizando, con otras dos personas, una serie de denuncias públicas contra las supuestas conductas culposas (muerte por electrocución de una menor) y dolosa (sobrefacturación de galletitas) por parte de los Zacarías Irún, un clan familiar muy influyente en Ciudad del Este. La investigación de los hechos denunciados son supuestamente dilatadas, al máximo, por el Ministerio Público de la mencionada ciudad fronteriza, que según los denunciantes, además de la administración judicial del Alto Paraná, se halla sometido a la voluntad política de la mencionada casta dominante en la referida ciudad fronteriza y que este sometiendo sería la motivación de la mencionada contemporización, orientada a la consecución de la impunidad de los reprochables. Extrayendo de este contexto y por tanto, analizando aisladamente y en función a las normas legales y sociales, la acción de “Payo” realizada el 22 de setiembre de 2016, es lisa y llanamente objetable como justiciable, no en su carácter de abogado, aunque resulta difícil separar el uno del otro. Empero, examinando en el contexto de la causa-efecto, supra consignada y juzgándola en función a la pésima fama de la que sufre desde antaño la administración de la justicia de nuestro país y los mensajes revolucionarios –en el mejor sentido de la palabra- que entraña, la acción materializada por Paraguayo Cubas anteayer, para algunos de los pocos que luchamos pública y denodadamente contra la colosal corrupción de la administración de la justicia de la República del Paraguay y la impunidad, deviene totalmente justificable.
Nuestros enemigos y los que no son ecuánimes, por simple envidia, solamente pregonan nuestros defectos y errores, en los que incurrimos porque somos seres finitos, perfectibles. No por una simple fanfarria, sino en mi afán de justificar plenamente la conducta de “Payo”, soslayando toda modestia –por lo que suplico sepan disculparme– PARAGUAYO CUBAS COLOMÉS, la COORDINADORA DE ABOGADOS DEL PARAGUAY, EL COLEGIO DE ABOGADOS DEL ALTO PARANA y recientemente, EL COLEGIO DE ABOGADOS DE CAAGUAZU y el que suscribe, ELIO GOMEZ, somos las contadas personas físicas y jurídicas, que más visiblemente luchamos contra la corrupción imperante en el Poder Judicial de la República del Paraguay, vergonzosamente sometido a los designios de los politicastros. En efecto, hace 16 (diez y seis) años ininterrumpidos que vengo denunciando públicamente que la administración de justicia de la Circunscripción Judicial de Caaguazú, ha perdido su independencia en manos de los politicastros Soto Estigarribia, en complicidad con el Superintendente de la mencionada circunscripción, Dr. José Raúl Torres Kirmser, llegando incluso a encadenarme a uno de los pilares del Palacio de Injusticia de la ciudad de Coronel Oviedo, exigiendo justicia y en protesta contra la intolerable intromisión del referido caudillos politiquero de la región, en la mencionada administración de justicia. Por este extremo comportamiento, los honorables magistrados, los funcionarios judiciales de Coronel Oviedo, la prensa amiga de los politicastros y éstos mismos, me tildaron de “loco”. Además, motivó que mis criticados urdieran un diabólico plan para excluirme profesionalmente de la Circunscripción Judicial de Caaguazú, que vertiginosamente se implementó a través de masivas e injustificadas inhibiciones de la mayoría absoluta de magistrados y actuarios judiciales. La referida conducta la realicé el 23 de diciembre de 2013 y se la puede constatar en el link http://www.abc.com.py/edicion-impresa/interior/abogado-se-encadena-para-exigir-justicia-381707.html., por lo que en función a la denuncia del nepótico Jorge Feliciano Soto Estigarribia –por zalamería de sus colegas, eterno presidente de la Circunscripción Judicial de Caaguazú– fui injustamente sumariado por la Corte Suprema de Justicia, sin que hasta la fecha me hayan notificado de la resolución que habrían dictado en el contexto de dicho sumario, el que actualmente está multiplicado a la cantidad de cuatro injustos sumarios. No chillo a raíz del inmisericorde hostigamiento de que soy víctima, porque asumo las consecuencias de mis actos, cuya represión es lógica por parte de los corruptos a quienes critico.
Desde hace un buen tiempo, vengo leyendo en la web, los posteos críticos de Cubas Colomés y los de la presidenta de la Coordinadora de Abogados del Paraguay, abogada Katya González y su compañera, la servicial, apreciada y respetada colega María Esther Roa Correa, contra la mala administración judicial. Las denuncias de Katya suele publicarse, análogamente, en los medios masivos de comunicación de la capital de nuestro país, de entre los cuales, el diario ABC Color, suele honrarme también con las valiosas publicaciones de mis denuncias.
Además de las nombradas precedentemente, desconozco que hayan otras personas físicas o jurídicas que estén luchando pública y firmemente contra la corrupción de la administración judicial, los factores exógenos que la inficionan trasversalmente y la impunidad en la que epiloga. Y, por experiencia vivencial les confieso –con las debidas disculpas- que realmente rompe las bolas y supongo también los ovarios, lo infructuoso que resultan nuestras pacíficas, pero sacrificadas luchas, que nos constriñe a contemplar impotentes el exponencial aumento de los nombramientos, en carácter de jueces, fiscales, defensores públicos y funcionarios judiciales de los parientes, secuaces y amigos de los politicastros, que luego, en función al cohecho pasivo agravado (coimas) se vuelven multimillonarios, recurriendo, los más “letraditos” a testaferros, en tanto que los más tontos, ostentan inescrupulosamente carísimos automotores, fastuosas mansiones, lujosas estancias ganaderas, etc, etc., que en conjunto generan la gran inseguridad de nuestro país, fruto perverso de la impunidad, que sin embargo, no logra la reacción de la apática –por no utilizar otro término– nación paraguaya, en general y en especial de la mayoría de los abogados que antes bien prefieren aliarse con los politicastros o permanecer neutrales, convirtiéndose en verdaderos “gusanos” que medran silenciosamente en la podredumbre. Esta indiferencia de la nación paraguaya acerca del grave problema que entraña el imperio de los factores exógenos en la administración de la justicia que culmina en una colosal corrupción e impunidad, es francamente exasperante, al punto tal que constantemente me constriñe –en mi carácter de luchador por una mejor administración de justicia– a fantasear con acciones incluso más drásticas que las realizadas por “Payo”…
En las guerras, en las revoluciones armadas –me refiero a las que responden a causas nobles– llegan a cegarse, incluso, miles y millones de vidas humanas, que sin embargo, halla su justificación, aunque sea forzada, desde la perspectiva teológica, en la bondad y la justicia de sus propósitos, que no son posibles conseguir sin la transgresión de las normas en general. No todos los cambios se logran pacíficamente –aunque esta metodología sea la preferible–; muchos de ellos exigen ineludiblemente las transgresiones e incluso la violencia en función de cuán sólidamente está enraizado el mal que se pretende extirpar. Para derrocar, aunque más no sea, al cruel dictador Alfredo Stroessner –porque la perversa estructura que montó, sigue intacta en nuestro país– fue necesario sacrificar múltiples vidas humanas, como fue menester, desde antaño, en otros países del orbe. La comunidad nacional y los organismos internacionales conocen y califican a la administración de la justicia paraguaya como una de las peores del mundo. Hay que evaluar en su real dimensión este flagelo para darse cuenta de que para lograr el cambio en el ámbito del Poder Judicial de la República del Paraguay, son absolutamente ineficaces las conductas laxas y más aún el puritanismo.
Durante nuestra manifestación de abogados contra la actuación de la Fiscalía y la Policía, llevada a cabo frente al Ministerio Público de Ciudad del Este, el 20 de setiembre de 2016, el representante del Colegio de Abogados del Alto Paraná, Abog. Antero Prieto, sostuvo que la conducta desplegada por Cubas Colomés tiene tres vertientes: una política, otra jurídica y gremial. Dijo “vertiente”, que es una terminología ambigua. Empero si la causa que motiva la acción de Paraguayo Cubas fuera la política partidaria orientada a capturar votos para una futura candidatación suya a un cargo político, no la comparto absolutamente porque no sería genuina, sino hipócrita, y me sentiría instrumentado en aras de un interés particular subrepticio. Sería como aproximárseme con una amplia sonrisa, pero con la mano en el mango del facón oculto bajo el poncho, como oculta está la intención dolosa, como le escribí en su oportunidad a Kathya González, quien me obsesiona como luchadora social, no como política. Soslayando el mencionado interés político-partidario referido por un profesional que conoce muy bien al que motiva estas líneas y como que el hecho que abordo tiene múltiples aristas, cabe señalar, que la cintareada a un juez y el defecar en su secretaría se justifican plenamente y los banco totalmente, en tanto configuran un embrión revolucionario y en cuanto a los múltiples mensajes que remite a la apática sociedad paraguaya, en general y en especial a la no menos indiferente comunidad de abogados. El juez Amílcar Antonio Marecos Reyes, afamado por estar supuestamente involucrado en el “negocio” de tierras en “Chino Cue” –no arremete con mayor énfasis contra “Payo”, sino aplica la más popular de las leyes paraguayas, la del “ñembotavy”, no porque es “calidá”, sino porque teme su desenmascaramiento por parte de quien lo cintareó– personificaría a los malos administradores de la justicia que sobradamente ameritan ser “cintareados”, sancionados y defenestrados del Poder Judicial, a diferencia de los magistrados probos, que son francamente pocos, pero que existen. Y la defecación de Paraguayo Cubas en la Secretaría de Marecos Reyes, es simbólicamente, cagarse, merecidamente, sobre los corruptos magistrados que administran la injusticia en nuestro país y que por tanto, constantemente nos cagan a los paraguayos.
En consecuencia, Campoamor tuvo razón…
11:59
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